La Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata me invitó a escribir un artículo en el que pueda contar, en forma de historia, lo vivido más allá del paso por la facultad, para publicarlo en la revista digital Willay.
Aproveché, entonces, para conectarlo con el nacimiento del Club de Inversores Ángeles y de Quanbit y por eso lo comparto acá también.
Dejo el link por acá http://revista.linti.unlp.edu.ar/index.php?lang=esp>=g&eid=26&sid=graduado&id=48 y copio el contenido abajo:
“Todavía me acuerdo cuando estaba en quinto grado de la primaria y mi papá trajo una Commodore 16 a casa. En aquella época había dos cosas que hacía decenas de veces al día:
1) escribir las únicas dos líneas de Basic que conocía:
—10 PRINT “Hola Mundo”
—20 GOTO 10
2) y tocar “Para Elisa” en un teclado electrónico de juguete.
Esto me hace recordar que desde entonces ya era cabezadura, repetitivo e insistente.
Pero a mí me parecía fascinante. Con sólo dos líneas podía hacer que la computadora “trabaje todo el día”. Encima podía guardar mi “obra maestra” en un Cassette de música con el Datasette. Me sentía un hacker. En aquella época no hacía otra cosa que estar en la computadora y juntarme con mis amigos. Pedí a mis papás que me anoten en el secundario que se anotaban mis compañeros de primaria y después cursé en la carrera de Economía porque ahí iban a parar todos los que salíamos del Comercial.
Cuando tenía las cosas más o menos encaminadas, hice un curso para programar en Clipper (extrañaba estar cerca de la computadora) y el siguiente paso fue anotarme en la carrera de Informática, que en aquel momento se daba en la facultad de Ciencias Exactas. Ahí conocí a mis más grandes amigos: Juan Cappi y Andrés Fortier. Con Juan y Andrés se armó una amistad y un compañerismo a todo terreno: armábamos grupos en todas las materias, nos juntábamos los sábados a la noche a comer pizzas (terminábamos a las 4 de la mañana hablando sobre Programación Orientada a Objetos) y también sobre cosas muy propias de nuestra edad, como por ejemplo, “Cómo cambiar el mundo”.
Varios años después, cuando ya estábamos un poco más grandes, nació Quanbit como empresa dedicada al desarrollo de software. De a poco fuimos reencontrándonos con los viejos amigos de la facultad y así se le fue quitando el polvo a la caja de proyectos que nos hacían juntar en un bar del centro de la Ciudad.
Desde lo personal, creo que la consecuencia de intentar concretar las ideas que estaban en el tintero fue una de las experiencias más enriquecedoras que alguna vez podría haber vivido. Pero no por los aciertos, sino por todo lo contrario: salir de la “zona de confort” fue la manera más sana de conocer mi parte “resiliente”.
Casi al mismo tiempo, armamos el Club de Inversores Ángeles IG junto a otras 28 personas por iniciativa de otro gran amigo: Federico Tessore, director de la revista Inversor Global. Todos teníamos un objetivo en común y precisamente esto fue lo que nos permitió movernos sin pausa. Trabajamos mucho y quizá por eso los resultados fueron buenos. Es increíble lo que puede lograr tantas voluntades juntas en torno a una visión compartida.
Como programador, me volví admirador de la originalidad que tenían las ideas tecnológicas que se presentaron en los últimos años. Como emprendedor, tuve la posibilidad de ser testigo de un sin fin de nacimientos de emprendimientos: pude ver cómo algunos llegaban al cielo en poco tiempo y otros quedaban en una en la fase idea.
Aquellos proyectos que nacieron de lo más profundo de los sueños que compartimos y valoramos entre todos, fueron los que se terminaron transformando en realidad. Hoy estoy muy contento de poder compartir el día a día con personas de las cuales tengo muchísimo que aprender y que me regalaron la satisfacción de permitirme estar junto a ellos.
En las próximas semanas me voy a Londres por medio año para plantar una semillita de Quanbit allá. Voy a extrañar no poder juntarme en ese tiempo con las personas que más quiero… pero vamos a seguir generando ideas que se conecten con lo que somos hoy, y vamos a disfrutar de transitar ese camino.”
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