Casi sin querer, como la mayoría de las cosas buenas de la vida, llegó el día en que me sentí invadido por una felicidad que no esperaba. Fue el broche de oro de un encadenamiento de sucesos cuasi mágicos para el alma. Un regalo que le puede tocar a cualquiera, pero que se logra apreciar realmente cuando sabés lo que hacer con él.
Hace no mucho tiempo, me enteré que había ganado un viaje a Londres porque consideraron mi relato en el concurso que organizó el diario El Día (http://sebastian.quanbit.com/un-premio-al-by-product-de-londres/). De haber sido un entendido en el tema, no me hubiese quedado tan sorprendido al recibir la noticia. No dudé ni un instante. Sabía que había miles de personas que se lo merecían más que yo y no quería dejar que eso quede simplemente así.
Inicié un proceso de búsqueda de alternativas pero encontré la respuesta más rápido de lo que esperaba. El LIFIA es un laboratorio de investigación en informática en el que yo trabajé hace muchos años así como lo hicieron mis mas grandes amigos. Además de ser un lugar repleto de gente talentosa, tiene la particularidad de funcionar bajo la conducción de un grupo de personas que ponen un esfuerzo incondicional por darle oportunidades a los estudiantes para que se formen y crezcan profesionalmente en Argentina y en el mundo. Sin dudas, el LIFIA es y será una fuente de inspiración para quienes hemos tenido la dicha de conocerlo de cerca.
Entre las más de 100 personas que componen el laboratorio, había una que estaba volcada de lleno a su doctorado y estaba en condiciones de trabajar junto a su director. Sergio Firmenich fue la persona elegida por el laboratorio para ir a trabajar junto a su director de tesis que residía, nada menos, que en Toulouse, Francia, y así fue como el pasaje quedó designado para él.
A pesar de haber participado del proceso, siguió sorprendiéndome la situación de encontrar una nota en el diario en el que mostraba la foto y los comentarios de Sergio. Se puede ver la nota acá: http://www.eldia.com.ar/edis/20120412/dos-viajes-europa-concurso-dia-laciudad12.htm. De alguna manera fue la “tangibilización” de algo que hasta ese momento no se me había ocurrido imaginar.
Conocerlo a él a través del diario, su historia, sus méritos y ver esa situación como, al menos, un pequeño aporte la causa que lleva el laboratorio adelante cada día, me impactó de una manera que en lo personal no tuvo antecedentes. Sin saberlo, me había hecho un regalo muchísimo más grande que el que había recibido como resultado del concurso.
Cuando Warren Buffett se comprometió a donar el 85% de su patrimonio para causas benéficas, pensé que lo estaba haciendo por el solo hecho de realizar un buen gesto . Pero cuando pienso en la satisfacción que causa una mínima acción hacia el otro, y lo multiplico por la fortuna que él logró donar, no puedo más que sentir una envidia increíble por la felicidad que debió obtener al realizar un acto con el que ayuda prácticamente a la humanidad entera. Habremos de entender entonces que sentirse bien al donar, no es solo cosa de los grandes.




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